Deliver Us from Evil (2020) | Corea · Thriller
Una película que no avanza: embiste.
El concierto que ONCE llevaba años esperando.
Muchos conciertos de K-pop empiezan mucho antes de que los artistas salgan al escenario. Empiezan en la cola, cuando la gente comienza a hacer amigos sin conocerse de nada, cuando aparecen camisetas de todas las eras del grupo, outfits inspirados en los MVs, freebies pasando de mano en mano y lightsticks con las pilas recién estrenadas.
Empiezan, sobre todo, en los nervios. En esa sensación de que, por fin, se va a cumplir eso que llevábamos tanto tiempo deseando y esperando.
TWICE no necesita presentación ninguna. Es uno de esos grupos que no solo ha llevado a su empresa al estrellato, sino que se ha convertido en uno de los más relevantes de la historia.
Uno de esos grupos que ha acompañado a toda una generación, que llena estadios de decenas de miles de personas en Asia y cuyos fans se sienten como una gran familia.
Las canciones del grupo no solo son simples piezas musicales: para muchos ONCE son momentos, eventos canónicos, recuerdos y sentimientos muy importantes en sus vidas.
Ese es el nivel.
Pero esa espera terminó. Después de mucho tiempo, las chicas de JYP pisaron España. Verlas aquí, en Barcelona, tan lejos de Corea y frente a un público que las llevaba esperando años, hizo que esto fuese mucho más que un concierto. Fue el inicio de una conexión real entre TWICE y ONCE de este lado del mundo.
Para el fandom no fue solo una parada más del tour THIS IS FOR. Fue un “por fin”. Un “por fin cumplo el sueño que tantos años llevaba esperando”.
Por eso vuelvo a repetir: muchos conciertos empiezan antes de la hora. TWICE fue uno de ellos.
A pesar del día gris y la lluvia, ONCE no dudó en presentarse en el Palau horas antes para ir preparando motores. Vivir esa experiencia es algo increíble y único, porque ahí es donde sientes la unión de toda la fanbase, las anécdotas, los encuentros con personas conocidas; es la sensación de pertenencia a algo mucho más grande y bonito, que te llena de una forma especial.
Entrar al Palau y ver ese pedazo de escenario fue una locura. La escala de la producción ya nos estaba avisando de que esto no era un concierto cualquiera. Ese escenario 360º, con sus plataformas laterales, ya nos avisaba de que las chicas se iban a comer el escenario de una forma descomunal.
Todo indicaba que TWICE no solo iba a cantar y a hacer un espectáculo, sino que iba a celebrar su historia con un fandom al que todavía no habían tenido tan cerca.
Y sí, creo que terminaron enamorándose de la ciudad y de todos los ONCE allí presentes.
Después de tanta espera, una tormenta descomunal y muchos nervios, las luces del Palau Sant Jordi se apagaron.
Esa maraña de nervios empezó a convertirse en gritos de emoción y cánticos hacia las chicas, con los Candybong ya sincronizados y brillando al ritmo de la música, mientras esas pantallas gigantes nos mostraban los VCR de las chicas.
Ya era la hora.
TWICE estaba ahí.
Después de tantos años.
Llegó la hora.
TIME TO TWICE!
Desde que las chicas aparecieron en escena, el concierto se sintió como una auténtica fiesta.
Era imposible quedarse quieta. Necesitabas bailar, cantar a pleno pulmón y dejarte llevar por todas y cada una de las canciones del setlist.
Creo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo en esto:
No pude parar de bailar.
Salté tanto que me duelen los gemelos.
Canté hasta los raps de las canciones.
Grité como la que más.
Y disfruté como una niña; como aquella niña que empezó a apasionarse por la cultura asiática, el cine y el K-pop, esa que descubrió a TWICE con casi veinte años y que ahora está cerca de los treinta.
Me sorprendieron muchísimo. Es un tour largo. Larguísimo. Llegaban a España después de casi diez meses de gira mundial, con ausencias de algunas miembros en varias paradas del tour, calendario exigente, eventos, campañas, ensayos, desplazamientos y pocas pausas reales entre medias.
Pero llegaron. ¡Y de qué forma!
Fueron increíbles en todos los sentidos: la precisión de las coreografías, los cambios de formación, los outfits, los movimientos entre plataformas, la forma de utilizar cada rincón del escenario y esa conexión constante que se estableció entre las chicas y ONCE.
Es difícil de explicar: una producción enorme que, aun así, consiguió sentirse cercana, íntima y profundamente humana.
Ellas funcionan muy bien juntas y se nota. Dentro y fuera del escenario. Muchas de ellas comparten una complicidad tan evidente que traspasa las pantallas, y en directo se entiende todavía mejor.
Cada una tiene una energía distinta, una forma diferente de mirar al público, de interactuar, de sonreír y de conectar. Pero juntas tienen algo muy difícil de explicar: una historia compartida.
Juntas son una familia. Juntas son TWICE.
También hubo figuras muy importantes que ayudaron a que el evento fuese un espectáculo histórico. Y me gustaría destacar el maravilloso trabajo de todo el equipo de baile, de la banda en directo, del staff y los técnicos.
Esos nervios de antes del concierto fueron recompensados con una noche que nadie va a olvidar. Un paso histórico para el K-pop en España, un momento único de la cultura surcoreana en Barcelona y una forma de mirar atrás para reconocer todo lo que TWICE ha construido junto a ONCE.
TWICE lo dio todo en el escenario y ONCE respondió con una intensidad de otro planeta. Quizá porque, esa noche, teníamos una muy buena Signal.
This is for ONCE!
This is for TWICE!
Muchas gracias a TWICE por cumplir el sueño de muchos jóvenes y adultos, que han crecido con su música y se han sentido acompañados durante momentos decisivos en sus vidas.
One In A Million.